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Sin clasificar

Gustavo Bueno sobre el 15M (extractos):

Recupero algunos párrafos de la obra de Bueno sobre el 15M del 2011, que pueden ayudar a entender el 15M 2.0 de los acampados en Sol contra los desahucios de 2026

“Prima facie no eran obreros en paro, no eran proletarios, ni menos aún lumpen. Eran jóvenes en sentido amplio (de 17 a 37 años), con aspecto de estudiantes universitarios o de licenciados en «ciencias políticas», en «ciencias económicas», en Historia, en Informática, en Biología o en Filosofía; jóvenes que pisaban antes el «campo virtual» de internet que un campo de pepinos o de patatas, o un campo de talleres o naves industriales. Además, manejaban teléfonos móviles, portátiles y tabletas; incluso era frecuente verlos «botar», es decir, saltar sobre el terreno rítmicamente (lo que indicaba que habían comido, que no estaban hambrientos; los parados de las colas no botaban).

[...] Era sorprendente que, en las entrevistas que algunos portavoces del movimiento ofrecían, no se manejase la más mínima terminología específica en cuestiones de política, de economía, de historia, de sociología, &c. Nada de historia política, ni de referencia a las intervenciones económicas de la Unión Europea; solamente una protesta global contra el capitalismo, contra la corrupción, contra la falsa representación («no nos representan»), pero sin decir nada sobre la representación y dándola ingenuamente como concepto evidente; «nos dirigimos contra el Sistema», pero sin precisar a qué sistema se refieren. Había frases anarquistas, trotskistas, marxistas, pero más bien como fragmentos que flotaban en una corriente de consignas y proyectos indeterminados, vagos, propios de un adolescente. Y sorprendía tanto más cuanto que muchos de los «indignados» entrevistados eran licenciados o doctores en Historia, en Psicología, en Sociología, ingenieros o incluso licenciados en Políticas. Prevalecía, sobre todos sus conocimientos facultativos, la ideología absorbente (humanista, pacifista, &c.) del pensamiento Alicia (como certeramente advirtió Tomás García). A mi particularmente me indignaba (alguien dirá: «profesionalmente») esa filosofía de brocha gorda expresada con convicción totalmente ingenua y acrítica, capaz de confundir y anular cualquier conocimiento facultativo. Pero sin que esta indignación me impidiese ver la importancia social que el movimiento pudiera llegar a tener, en España y en el mundo, precisamente en razón a ese analfabetismo. ¿Acaso los cristianos del siglo II y III no fueron vistos por los escritores antiguos –Celso, por ejemplo– como analfabetos, apaudetoi, y llegaron a menospreciar la importancia de sus mensajes? También es cierto que si estos cristianos analfabetos pudieron transformarse en un movimiento universal, el de la Iglesia Católica, fue gracias a que los Padres de la Iglesia y los doctores eclesiásticos asimilaron muy pronto y gradualmente la sabiduría académica, aristotélica o estoica, de la Antigüedad.

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[...] Desde este punto de vista el diagnóstico más certero que cabría dar sobre la naturaleza de los «indignados» tendría que formularse, no tanto en el ámbito de coordenadas domésticas (PSOE, IU, PP, Unión Europea, liberalismo democrático), sino acudiendo a coordenadas de escala epocal mucho mayor. Sencillamente, y para abreviar: la rebelión de los «indignados» se correspondería (analógicamente, proporcionalmente) antes a la rebelión de los albigenses o de los valdenses, de los siglos XII y XIII, o al movimiento de los anabaptistas del siglo XVI, que a las rebeliones anarcosindicalistas del siglo XIX, o a las socialdemocráticas de la Segunda Internacional, incluso a las comunistas de la Tercera Internacional.

Porque las rebeliones albigenses, valdenses o anabaptistas se hacían en nombre del cristianismo real («apostólico») frente al cristianismo eclesiástico-jerárquico («constantiniano», se diría después), pero en realidad los albigenses, valdenses o anabaptistas impulsaban un movimiento que destruía las bases de la Iglesia Católica como institución histórico universal (destrucción que culminó con la Reforma luterana). Asimismo, los movimientos de los «indignados» estarían impulsando unas corrientes que, en nombre de la «democracia real» irían dirigidas (inconscientemente) a minar las bases de las «democracias homologadas» realmente existentes, a saber, las democracias parlamentarias.

[...] En nombre de la «democracia real» los «indignados» se rebelan contra la democracia realmente existente, en nombre de un fundamentalismo democrático, como los albigenses o los anabaptistas se rebelaban contra el cristianismo tradicional realmente existente en nombre de un cristianismo fundamentalista irreal. Un fundamentalismo democrático, el de los «indignados», no ya tanto utópico cuanto puramente idealista y vacío, porque espera que la democracia asamblearia auténticamente representativa, resolverá por sí misma los problemas de la crisis del capitalismo, del paro, de la producción de energía y de su distribución, del orden internacional... El movimiento de los «indignados» es políticamente vacío, no ya utópico, puesto que las cuestiones políticas que abordan son tratadas no políticamente, sino desde una perspectiva ética, cercana al humanismo armonista y pacifista, no menos vacío, de los derechos humanos.

Y es esta inspiración ética, unida a su analfabetismo político, la que, a mi entender, da ocasión a los indignados para enfrentarse con algunos problemas concretos, que se plantean muy frecuentemente en las democracias capitalistas (las democracias de mercado pletórico), como puedan serlo los problemas derivados de los desahucios de familias que, a causa del paro que les imposibilita pagar las hipotecas, son puestas en la calle por la policía cumpliendo una orden judicial al efecto. Orden legal y de obligado cumplimiento, «si no se quiere romper la cadena de todo el sistema jurídico vigente».

[...] Por mi parte me aventuro a pronosticar que el futuro de los movimientos «indignados» es, a medio plazo, políticamente nulo, en lo esencial. Es imposible que funcione una sociedad de nuestro siglo apoyándose en las normas de un fundamentalismo democrático de cuño idealista. Las críticas a la democracia realmente existente ya han sido formuladas además, una y otra vez, a veces incluso en libros titulados Panfleto contra la democracia realmente existente (2004). Pero estas críticas no se formulaban en nombre de un idealismo democrático de signo fundamentalista. Por ello, desde este punto de vista, las críticas a la democracia realmente existente de los «indignados» carecen por completo de novedad, y, lo que es peor, de fuerza.

Sin embargo, no encuentro razones para negar que algunas actuaciones características (y, por cierto, muy próximas a la violencia) promovidas por los «indignados» pueden tener algún resultado positivo sobre los futuros legisladores, y no ya tanto para «aquietar su conciencia», sino para evitar sistemáticos enfrentamientos en el futuro (si los «indignados» siguen actuando) de engorrosa resolución.

Bienvenido habría sido el analfabetismo político de los «indignados» si, gracias a él, se lograse modificar en un próximo futuro algunas de las normas legales propias de un Estado de derecho civilizado [..]. Muchas veces las normas éticas se enfrentan a las normas legales emanadas de un Estado de derecho, como la barbarie se enfrenta a la civilización”.

Fuente: “Albigenses, cátaros, valdenses, anabaptistas y demócratas indignados”, El Catoblepas, 114, p. 2: https://nodulo.org/ec/2011/n114p02.htm

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