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Materialismo político

Izquierda y autodeterminación: Reseña de Juan Manuel de Prada del libro "Lenin, el gran error que hizo caer la URSS. Una crítica marxista al derecho de autodeterminación"

Reseña del libro Lenin, el gran error que hizo caer la URSS. Una crítica marxista al derecho de autodeterminación (Córdoba: Almuzara, 2024). Publicada el ABC, 24 de agosto de 2024.

Reseña del libro Lenin, el gran error que hizo caer la URSS. Una crítica marxista al derecho de autodeterminación (Córdoba: Almuzara, 2024). Publicada el ABC, 24 de agosto de 2024. EL ÁNGULO OSCUROIzquierda y autodeterminaciónpor Juan Manuel de Prada A juicio del lucido comunista Armesilla, la izquierda se ha convertido en el tonto útil tanto del separatismo como del proyecto mefítico de la 'Europa de las regiones' Así. la izquierda se ha convertido en enemiga de la propia existencia de España y de la unidad de la clase obrera, incapacitándola para cualquier acción conjunta. LEEMOS, como remate de las vacaciones, 'Lenin, el gran error que hizo caer la URSS. Una críti­ca marxista al derecho de autodeterminación' (Almuzara), un lúcido ensayo de San­tiago Armesilla que indaga en la paradójica sumisión de la izquier­da a la idea nefasta de autodeterminación, de raigambre protes­tante, liberal y romántica. Para Armesilla ­que se define como «materialista político». dis­cípulo de Marx y Gustavo Bueno­, la idea de autodeterminación es «un cuento de fantasía», al estilo de las irracionales quimeras urdi­das por el Barón de Münchhausen: «Ningún sujeto puede autodeter­minarse -­escribe, con gran senti­do común­-, como tampoco nin­gún territorio, población o Esta­do, sin codeterminarse con sus homólogos, sin re­conocerse en­tre sí>>, por la sencilla razón de que nadie «puede ser causa de sí mis­mo». Así pues, el llamado «dere­cho de autodeterminación» no es para él otra cosa sino la concesión de un «privilegio de secesión»; y quien concede dicho privilegio lo ­­­­hace porque cree, ­a veces con mentalidad cortoplacista­, que lo beneficia Con frecuencia -añade Armesilla­-, «se trata de una he­rramienta geopolítica utilizada para debilitar el poder de los Es­tados enemigos por aquellos otros Estados que lo fomentan cínica­mente como forma excelsa de democracia, de defensa de la liber­tad o de los derechos humanos». Armesilla explora la filiación fi­losófica de la autodeterminación, que encuentra en el nominalismo, el protestantismo Y la Ilustración inglesa y francesa, hasta su prime­ra plasmacíón en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos (1776). Luego esta idea, por influencia inglesa y francesa, se infiltraría en el caletre de los llamados 'libertadores' iberoameri­canos y, en general, sería durante todo el siglo XIX bandera del libe­ralismo político y del nacionalis­mo romántico. Con el proceso de descolonización asiático y africano, el «derecho de autodeterminación» se convertiría en un derecho jurídicamente vinculante, refren­dado en diversas resoluciones de la ONU. Pero ¿cómo se explica que una idea con una genealogía política semejante haya sido abrazada por la izquierda? Marx arremetió sin ambages contra la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciu­dadano (1789), considerando «enig­mático que un pueblo que comienza a fundar una comunidad po­lítica proclame solemnemente la legitimidad del hombre egoísta, disociado de sus semejantes y de la comunidad, que lance esta pro­clama en un momento en que sólo la más heroica abnegación puede salvar a la nación». Y Engels cri­ticó vehementemente a los fede­ralistas alemanes, a quienes consideraba un impedimento para la actividad revolucionaria, que re­quería una república centralista y unitaria. Sería Lenin quien impondría en la URSS un modelo federal y autodeterminista que, a la larga, la llevaría al colapso. ¿Cómo se explica este error cenital? Lenin ne­cesitaba sumar a su causa a las 'naciones oprimidas' por los za­res de Rusia. en su lucha contra la burguesía; y desobedeció las te­sis marxistas sobre el modelo de Estado, para ganárselas y conver­tirlas en 'repúblicas soviéticas', sin reparar en que el autodeter­minismo significaba la ruptura de la unidad de la clase obrera y con ella la destrucción de su capaci­dad de acción para elevarse a la condición de clase nacional. Pos­teriormente, este error de Lenin, nos explica Armesilla­, formaría un cóctel letal con la confusa idea de 'nación' de Stalin (un zurribu­rri de elementos étnicos, cultura­les y políticos). Y así sobrevendría posteriormente el desmembra­miento de la URSS (y el de otros muchos países de su órbita que habían seguido su ejemplo, como Etiopía, Yugoslavia o Checoslova­quia). El error. sin embargo. seria tras­plantado por los soviéticos a la América hispánica, donde para contrarrestar el influjo del ene­migo anglosajón, fomentaron el indigenismo (que tanto ha contri­buido a alimentar la Leyenda Ne­gra). Y en España, la sumisión ideológica del PCE al Komintern daría pábulo a un error por com­pleto extraño a nuestra tradición política. Incluso tras la caída de la URSS en 1991, el PCE siguió de­fendiendo tales quimeras. Según dejó escrito Carrillo: «Nosotros concebimos esta nueva democra­cia como un Estado multinacional, proclamando sin reservas los derechos nacionales de Cataluña, Euzkadi y Galicia, integrados­ en él no por coacción y la imposición del poder central, sino por su li­bre y voluntaria decisión. Los co­munistas mantenemos firmemen­te el principio de autodetermina­ción de los pueblos y el derecho de Cataluña, Euzkadi y Galicia. a desarrollar y enriquecer su cultu­ra, su lengua y sus libertades nacionales». Quimeras que se inte­grarían sin rebozo en el catecis­mo de las diversas izquierdas indefinidas o caniches surgidas por fragmentación o mero trans­formismo del viejuno PCE. Así, a juicio del lúcido comunista Arme­silla, la izquierda se ha converti­do en el tonto útil tanto del separatismo como del proyecto mefí­tico de la 'Europa de las regiones'. Así, la izquierda se ha convertido en enemiga de la propia existen­cia de España y de la unidad de la clase obrera, incapacitándola para cualquier acción conjunta. «¿Qué clase de socialismo o co­munismo es ese ­-se pregunta­- que privatiza una parte de la nación po­lítica, privando al resto de los tra­bajadores de España de la capaci­dad de ejercer su soberanía?». A Amesilla ya sólo le falta renegar de los conceptos liberales de 'nación política' y 'soberanía' para enten­der la única solución a este problema, que se halla en el pensamiento tradicional español.